ANTIMATTER

 “Saviour”  

(The End Records, 2002) 

 

         Hace tiempo me di cuenta de que el mejor parámetro para calificar el efecto que un disco provoca en mí es la cantidad de veces que lo escucho. De que no se trata tanto de que un disco sea bueno o malo, sino de la reacción que genera en cada uno de nosotros. De toda la música que me llega, hay pocas colecciones de canciones que no pasan, que se quedan, se instalan, dan vueltas, penetran, se transforman para siempre en nuestra propia música. Porque seamos sinceros, siempre que sale un álbum lo oímos varias veces, y aprendernos los temas, y puede que pasados unos años volvamos a ponerlo de vez en cuando, pero hay cierta clase de discos que se quedan a vivir para siempre en nosotros. Los escuchamos hasta cuando todo alrededor está en silencio. Desde “Eternity” todos los trabajos de Anathema se fueron transformando, uno por uno y de manera diferente, en esa clase de “objetos” inapreciables. Esa música que sentimos que si no existiera o no hubiéramos conocido seriamos personas diferentes, un poco más vacías. “Alternative 4” era la perla sombría de la oscuridad, lo negro dentro de lo negro, la pura tristeza, melodías que transitan en los bordes del crepúsculo, que desfilan como sombras imperceptibles que contienen al mismo tiempo todo el significado de la existencia y el momento en que el arte trasciende el sentido. Eso sobre lo que no se puede escribir porque está más allá, pero por alguna extraña razón siempre quiero volver a decir algo sobre ellos, siempre va a haber algo más que decir.

    Aquella placa estaba casi íntegramente compuesta por Duncan Patterson, que luego abandonaría la banda para formar Antimatter. Patterson se llevo ese sentimiento depresivo y lo imprimió en su nuevo proyecto. Pero con grandes novedades y diferencias. Las emociones de “Saviour” recuerdan insistentemente a “Alternative 4”, el contenido mantiene la esencia pero varió la forma y los materiales que eligió para llegar al fondo: angelicales y lejanas, pero siempre emotivas, voces femeninas; teclados y sonidos electrónicos maravillosamente utilizados para borrar el preconcepto de que la música electrónica es inevitablemente fría, como nos habían convencido algunas agrupaciones modernas. También varió la formación de la banda, al ex bajista de Anathema lo acompaña Michael Moss quien está a la misma altura compositiva que su compañero, ambos se atreven con una variedad de instrumentos, no le temen a nada, juegan con las cuerdas y las teclas y las hacen encajar a la perfección al servicio de cada tema. Antimatter es fuerza arrasadora pero sin necesidad de subir el volumen, es complejo y variado pero no hay ni una sola nota gratuita, es inquietante, como una búsqueda difusa pero imprescindible. Además es original, una especie de rock alternativo, susurrante, que sorprende mientras avanza hacia espacios desconocidos. Al escuchar estás hermosas canciones muchos se sentirán extrañados al no encontrar nada de metal en ellas. Pero, a mí modo de ver, es una apariencia, la música pesada permanece de una forma más sutil y profunda. Las melodías y la atmósfera se basan en el doom metal, pero con una envoltura diferente.

    También hay mucho de “Eternity”, en especial del tema “Eternity, Part II” (una de mis canciones preferidas, una de “mis” canciones), que justamente escribió Patterson y que tiene su estilo por la increíble letra y el clima  celestial. Como era de esperar, la lírica de “Saviour” es una delicia, en cada frase encontramos pura poesía, poesía existencialista, poesía por momentos desesperada pero reconfortante. Cada uno de los 9 temas valen la pena (y la alegría), por sí mismos o en la dimensión que conforma la totalidad, pero es común que alguno resalte por sobre el resto. En este caso son dos: “Over Your Shoulder” y “Flowers”. Uno tiene un logrado contrapunto con la voz masculina de Moss y una melodía dulce y triste, inolvidable, el otro posee experimentación, cambios de ritmo y un sonido ambiental que no sabe de límites.

    El disco fue grabado en el año 2000, pero recién en 2002 el sello The End Records se ofreció a editarlo y difundirlo como se merecía. Imagino que muchos pueden llegar a odiar algunos tonos, algunas cosas que no son muy familiares, pero si pudiera les recomendaría que olviden los prejuicios, que se preparen para escuchar algo distinto, y que se dejen llevar. No es costumbre que 44 minutos de música sean capaces de provocar este indescriptible estado onírico; como el verdadero arte, que se parece a los sueños.

Silvina Herrera