FLEURETY

 Department Of Apocalyptic Affairs  

(Supernal Music, 2000) 

   Si hay un disco que desafía las calificaciones (al menos, en lo que al 2000 respecta), ése es “Department Of Apocalyptic Affairs”. Resulta increíble que la movida blackmetalera nórdica de unos pocos años atrás se haya deformado en esta bizarra yuxtaposición de estructuras y estilos, tan fascinante en sus posibilidades como desconcertante para los oídos no pervertidos. Y la sorpresa se acentúa considerablemente si recordamos que “Min Tid Skal Komme”, el anterior álbum de estos noruegos, se adentraba musical y literariamente en territorios por completo diferentes. Ni lo más reciente de Ulver consigue, por momentos, equiparar el grado de lunatismo compositivo que Alexander Nordgaren (guitarras) y Svein Egil Hatlevik (sintetizadores, batería y voces), únicos miembros originales y estables, implementan sin resquemores. Fragancias electrónicas se aparean con riffs de black metal excitados por coloridas contorsiones industriales, mientras una base de acid-jazz sostiene inusuales melodías de saxofón y atmósferas que se pasean por los dominios del doom, el tecno (y, en el caso de “Exterminators”, ¡las bandas de sonido de los video-juegos!), y vaya uno a saber qué otros géneros. Para colmo, siguiendo la sana costumbre noruega, estamos ante una obra en la que participaron, a modo de invitados especiales, prácticamente todas las luminarias de la movida. Tal es así que a lo largo de las canciones nos vamos topando con gente como Hellhammer (Arcturus, Mayhem, The Kovenant), Carl Michael (Ved Buens Ende, Dodheimsgard), Einar Sjurso (Beyond Dawn), Garm (Arcturus, Ulver), Knut M. Valle (Ulver), Maniac (Mayhem),  Carl August Tideman (Arcturus, Tritonus), y Vilde (Magenta), entre muchos otros. Incluso la presentación gráfica del álbum pone de manifiesto el grado de originalidad del dúo, al presentar un booklet principal cuyas 4 carillas (todas ellas con diferentes ilustraciones) pueden oficiar de tapas. Dicho booklet encierra, al mismo tiempo, una suerte de contenedor estilo “carpeta para archivar” (llamada “reportes”) que a su vez contiene 8 hojas individuales (una por cada letra de las canciones) y dos fotografías tipo “polaroid” en las que se pueden apreciar a los miembros de la banda sentados en un inodoro mientras leen una revista pornográfica. “Vanguardistas” o no, lo cierto es que el resultado es sumamente interesante, si bien el evidente (y respetable) afán de “sonar distintos” en algunas instancias lo obliga a uno a rascarse la cabeza, provocando más confusión que satisfacciones.

Esteban Medaglia