FREEDOM CALL

 “Eternity”  

 

   

Freedom Call apareció en escena como la banda paralela de Dan Zimmermann -el batero de Gamma Ray-, brindándonos un disco que, lejos de la originalidad, tenía la virtud de llevar toda la pompa y majestuosidad del power metal hasta su extremo, deteniéndose milímetros antes de caer en la ridiculez. En su segundo álbum se veía a la agrupación mucho más moderada pero, a la vez, más madura. Sin embargo, todavía seguían en la lucha de conseguir su propio sonido. Y Dan, según me comentó una vez, estaba consciente de eso. Pero uno, si observaba a la banda detenidamente, ya podía ir encontrando los elementos que se convertirían en sus marcas registradas: el uso de teclados que intervienen justo lo necesario y con una precisión casi envidiable, y la presencia de estribillos corales que quedaban impregnados en la R.O.M. de tu cerebro y se negaban a ser eliminados.

Ahora llega el turno de examinar a “Eternity”. Muchas críticas lo describen como el “Keeper Of The Seven Keys, part 3”, pero para mí no hace falta rotularlo de esa manera ya que estaría encasillando a la banda como un simple clon de Helloween. Lo que sí me atrevería a decir es que goza de un estado de salud y frescura que pocos aún poseen en este estilo, además de tener un nivel compositivo al cual Gamma Ray nunca llegó luego de la partida de Ralph Scheepers. Sucede que todos los temas, salvo “Flame In The Night” -el menos convincente por lejos-, golpean de una y te invitan al disfrute instantáneo. Para que se den una idea, comienza con una intro operística que es secundada por un solo neoclásico que da origen al vértigo de “Metal Invasion”, un hit instantáneo que no paro de tararear. Luego “Flying High” es introducida por un soberbio solo de batería y dos guitarras hiperaguerridas que atacan a traición. En ese tema, uno se termina de convencer, Bay suena muchísmo más afianzado que en sus trabajos anteriores, convirtiéndose en una de las voces más interesantes de la escena. Con “Ages Of Power” comienza el costado macabro de la mano de unas tonadas de piano, una de las letras más oscuras que hayan elaborado hasta el momento y, al final, con una voz del demonio grabada, por lo menos, en dos pistas, una con voces más doom y otra con voces más death; elaborando, de paso, una pieza original. La hora de la balada comienza con “Bleeding Heart”, cuya letra habla de la mentira y su melodía es medio céltica. Acá es admirable el pasaje acústico entre viola y teclado a mitad del tema y en que nunca se cae en la sensiblería barata. Seguimos escuchando el disco, hasta que “Warrios” nos deja rendido de placer con un coro que parece conformado por guerreros bárbaros empalgados de honor y gloria. También muestra una casi perfecta interacción entre riffs entrecortados de viola y teclados que, a modo de fanfarria, cumplen la función de las trompetas o que parecen descargas lásers en “Land Of The Light” y “Island Of Dreams”. En este momento uno está a punto de caer al borde del K.O. Hacía tiempo que un disco de este género me apasionara tanto y sonrío en el espacio entre la anteúltima y última canción. Estoy ansioso por ver con qué otra maravilla me sorprenden. Y termino fulminado por una obra acústica cuya veta de folklore europeo la hace pariente a Blind Guardian, algo que Freedom Call nunca había hecho, y una tonada vocal que me hace figurar que son pueblerinos entonando una hazaña tradicional mientras, junto a los “Oh Oh”, mueven los vasos de cerveza espumosa.

Por ende, a modo de resumen, lo digo: ¡Freedom Call lo ha logrado de nuevo! ¡Ha demostrado que si bien en el power no se puede innovar, la frescura sigue jugando un papel muy importante! Ojalá en los sucesivos trabajos me sigua gratificando de igual manera.

Martín Brunás