GAMMA RAY

 “No World Order”  

(Metal-Is, 2001) 

 

   

Los tres trabajos anteriores de Gamma Ray -“Land Of The Free”, “Somewhere Out In The Space” y “Powerplant”- se me figuraban como dignos elementos para ser incluidos en esos juegos de “busca las diferencias” aparecidos las revistas de ingenio que suelen vender en los trenes. La cuestión era que, a no ser que te sentaras con toda la predisposición del mundo, sentirías que los recursos utilizados en cada obra eran exactamente los mismos. Uno podía predecir al dedillo lo que se iba a encontrar más adelante y nunca se equivocaba. En resumidas cuentas, los tres parecían ser el mismo disco. Esto llevó a que muchos cultores de la música pesada comenzaran a mirar a la banda de Kai Hansen con malos ojos. ¿Cómo podía ser que la mente creativa responsable de los “Keepers Of The Seven Keys” cayera en loop? ¿Acaso su genialidad estaba agotada? ¿Sería digno tener esperanza o había que unirse a las huestes que, cansadas de escuchar siempre lo mismo, decidían huir hacia otros grupos? El futuro estaba oscuro. Un  recambio era necesario con suma urgencia. Debía aparecer algo que resaltara entre tanta monotonía que, además de todo, iba sonando cada vez más opaca. ¿Qué hizo Kai? ¿Volvió a redefinir el estilo? No, ni necesitaba hacerlo. Sólo se limitó a recurrir a sus raíces y brindarnos un disco empapado con toda la melodía y los yeites de la NWBOHM. Es así como la mayoría de los temas nos hacen referencias a bandas como Iron Maiden, Accept o Judas Priest (el comienzo de “The Heart Of The Unicorn” podría figurar tranquilamente dentro del megaclásico “Painkiller”). Sin embargo, continúa habiendo vestigios powermetaleros como en el tema “Dethrone Tyranny” -compuesto por Dan Zimmerman-, el cual posee el mismo grado de rimbombancia y espontaneidad que el batero tan bien sabe utilizar en Freedom Call. Por otro lado, el aspecto que podría opacar un poco el producto es “Solid”, casi una copia a “Rapid Fire” de Judas Priest. Pero seamos bondadosos con uno de los padres del power metal y consideremos este punto como un tributo a una banda que lo marcó muy profundamente. Así pasan los 10 temas de manera dinámica y divirtiéndote como hacía tiempo la banda no lograba hacerlo; hasta que comienza el track 11. Allí uno espera, acostumbrado a las obras actuales del género, encontrarse con el tema más sobrecargado y complejo de la placa. Pero la banda prefiere destacarse y obsequiarnos “Lake Of Tears”, una balada escrita por Henjo Ritcher que entrecruza arpegios acústicos con una suave melodía cargada de nostalgia.

Martín Brunás