GEOFF TATE

 “Geoff Tate” 

(Sanctuary Music, 2002)  

   

Supongo que después de esto ya no queda esperanza alguna para Queensrÿche y sus adeptos. Bruce Dickinson fue duramente criticado por el experimental “Skunkworks” y su redención unánimemente aceptada poco más tarde tras los brillantes “Accident Of Birth” y “The Chemical Wedding”. Rob Halford no pudo con su homosexualidad reprimida y la estampó sin descaro en nuestras narices con su proyecto Two para inevitablemente emprender el obligatorio regreso a casa, evitar la condenación eterna y “resucitar” lo que en primera instancia pretendía matar. Pero el debut solista de Geoff Tate va más allá de lo humanamente tolerable.

“Este álbum es acerca de salirse de lo cotidiano, probar cosas nuevas por uno mismo, y no tenerle miedo a dar ese gran paso. Eso lo convierte en algo autobiográfico, porque yo mismo estoy dando ese paso, moviéndome de donde solía estar hacia otras áreas, y es importante que la gente haga esto”, explica Tate en la gacetilla de prensa. Y uno tiembla de espanto ante los resultados. Si sus intenciones fueron efectivamente honestas, la búsqueda de nuevos horizontes no deparó en definitiva nada “nuevo”, a no ser que un desfile de bases programadas, letras ingenuas, flirteos pop y estructuras simplonas puedan ser consideradas de semejante forma. De ser así, “Geoff Tate” constituye una obra inmensamente fallida de un artista cuya agrupación principal continúa editando trabajos con similares resultados desde hace años. Por momentos, la placa recuerda al material más descafeinado de Bon Jovi, incluso en la entonación y estilo vocal que Tate optó por emplear mayormente (“Every Move We Make”, por ejemplo), y numerosos pasajes adquieren tal grado de insulsez y trivialidad que las nauseas son imposibles de contener. ¿Cómo puede la garganta que grabara “Operation: Mindcrime” haberse divergido tanto de su sendero original hasta convertirse en la responsable de  algo tan dietético y olvidable? El arte de tapa emula pose, estética y diseño característicos de los galanes para quinceañeras contemporáneos, y tan sólo la serena y bella “In Other Words” pone de manifiesto a un verdadero artista detrás de las labores compositivas, fundamentalmente gracias a la acertada inclusión de cuerdas clásicas y un progresivo crescendo pasional.

¿Otra víctima de la industria musical norteamericana y el continuo apretar de su garra que todo lo pretende transformar en ventas multimillonarias? En este caso lo dudo considerablemente. Tal vez sea sólo la estupidez o imprudencia de un talento descarriado... Pero cuando la irremediable “vuelta a las raíces” se produzca, no cuenten conmigo.

Esteban Medaglia