HALFORD

 “Crucible”  (Metal-Is, 2002) 

 

   

En “Resurrection”, Halford retomó cada uno de los clichés elaborados por Judas Priest para volver a captar parte del público perdido por Fight y sentido traicionado por Two. Era algo así como el marido que, luego de portarse mal con su esposa, regresa a casa con una caja de bombones y un ramo de flores para hacer las paces. Sin embargo, aunque lo trate de oportunista, el resultado final resultó ser un disco más que interesante. Ahora, Halford regresa de nuevo. Yo me figuraba que me iba a encontrar con un calco de su debut. Es más, tenía la reseña estructurada en mi cerebro. Pero, una hora después, cuando el disco hubo terminado, quedé descolocado. Tenía que abrir mi mente y digerir el producto.

Lo que acá hace el pelado es retomar el sonido clásico de Judas Priest pero lo redimensiona agregándole diferentes elementos. Las composiciones suenan agresivas, vertiginosas y atmosféricas. Por momentos coquetea con el death (“Golgotha”), otros con el hardcore (“Wrath Of Gods”), el thrash (“Handing Out Bullets”, una canción que parece hablar sobre el atentando del 11 de Septiembre) o el speed (“Betrayal”). También hay una especie de regreso a los preciados ´70, ya que uno de los bonus tracks, “She”, con su estilo acústico recuerda a las baladas de “Sin After Sin”.

La banda suena consistente y cargada de sorpresas. El emprendimiento de Pat Lachman y Mike Chlasciak en guitarra es destacable por la variedad de climas, y Bobby Jarzombek en batería conoce perfectamente los climas rítmicos que cada sección merece. Pero quien se lleva las palmas es Rob. A pesar de su edad, parece no haber perdido casi nada de voz, y, lo poco que perdió, se ve recompensado en su sabiduría. En esta placa utilizó todos los tonos que durante 30 años vino explorando y, contra la frase “Perro viejo no aprende trucos nuevos”, incorporó entonaciones más actuales que lo acercarían a las bandas de metal alternativo.

Martín Brunás